December 14, 2004

December 14, 2004 | Lecture on Latin America

El Camino hacia la Seguridad Hemisférica

Evitar el peligro es un instinto de supervivencia que permite a personas como ustedes y yo marchar adelante en nuestras vidas. La necesidad de seguridad nos insta a cambiar de hábitos y de ambiente cuando sea necesario. Es lo que nos insta a buscar un sueldo estable para poder comprar una casa y formar una familia.

Las sociedades también buscan seguridad para que sus ciudadanos vivan en paz, conduzcan sus negocios y realicen sus sueños individuales. Pero las sociedades no pueden hacerlo si no están listas para responder a cualquier cambio que las efecte. Se dice que un desvío de mil kilómetros comienza en un auto con un radiador goteando y con una llanta desinflada. La falta de respuesta ante el cambio en las condiciones, fue una de las causas lo que le ocurrió a los EEUU el 11 de septiembre de 2001.

Hoy somos más conscientes de las amenazas que existen en el mundo que nos rodea. Pero aún nos queda un largo trecho por delante en la preparación para enfrentarlas. El jefe de la Comisión contra el Terrorismo de las Naciones Unidas, Embajador Inocencio Arias de España, después de los ataques contra los ferrocarriles en Madrid este año, dijo que se podría repeler actos terroristas 49 veces, pero la quincuagésima vez los agresores lo lograrán. Por supuesto, el terrorismo es un tipo de amenaza; existen otras de tipos e intensidades diferentes.

En la Conferencia Especial sobre Seguridad realizada el año pasado en México, los representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) identificaron 8 categorías de amenazas-algunas directas, y otras indirectas. Estas son: el terrorismo, los conflictos entre Estados, el armamentismo, el crimen transnacional, el tráfico de armas, los desastres naturales, ataques al sistema de salud pública, y la pobreza. Los desastres naturales son constantes; pero mientras las guerras entre Estados están desapareciendo, el terrorismo y el crimen transnacional van en aumento.

Ningún país, ni los Estados Unidos, ha estado lo suficientemente equipado para enfrentar las nuevas amenazas emergentes tales como el tráfico de drogas ilícitas, el terrorismo, o las armas de destrucción masiva en manos erróneas. Los Estados Unidos ha tenido que reorganizar sus políticas de seguridad, porque su estrategia de frenar agresiones externas con armas nucleares durante la Guerra Fría ofreció defensa contra amenazas de otros estados, pero poca protección interna.

Las leyes aprobadas después de la Guerra Civil estadounidense, hace cerca de 130 años atrás, prohíben la colaboración entre el Ejército y las fuerzas policiales locales. Al mismo tiempo, las funciones especializadas de las agencias nacionales responsables por el cumplimiento de las leyes no permitían que la información en su poder sea compartida con la policía local, la que está bajo el control de los alcaldes y los consejos vecinales.

Desde el 11 de septiembre, el gobierno estadounidense ha establecido el nuevo Department of Homeland Security, para ayudar en la coordinación del intercambio de inteligencia y para centralizar algunas tareas de diferentes agencias responsables de aplicar la ley como son la patrulla fronteriza, la guarda costa, y el Bureau of Immigration and Customs Enforcement. Pero aún estamos tratando de reorganizar y reforzar los mecanismos de seguridad, vemos la necesidad de balancear la protección de la sociedad con las libertades individuales garantizadas en la Constitución.

Las reformas internas son una cosa, pero también nos damos cuenta que compartimos una vecindad y nos damos cuenta de que el camino a una América más segura se alcanzará ayudando a nuestros vecinos del resto de Americaa estar más seguros. Desgraciadamente, Latinoamérica es más vulnerable tanto a las amenazas directas como a las indirectas.

El Rompecabezas Regional
La población de Latinoamérica continúa creciendo rápidamente. De hecho, el número de habitantes se ha triplicado en los últimos 40 años. La juventud en busca de empleo, se marcha de las áreas rurales hacia las ciudades, donde tampoco existe trabajo suficiente. Los monopolios familiares y estatales aún afectan extensamente a algunos países de la región, y limitan la creación de empresas nuevas y por lo tanto, nuevos puestos de trabajo.

Con menos capacitación profesional que los ciudadanos de las naciones industrializadas, cerca de la mitad de la región vive con menos de US $2 al día. En México, un millón de personas se incorpora a la fuerza laboral cada año, pero solamente encuentran 200.000 nuevos trabajos esperando por ellos.

Las pandillas han aparecido y expandido en poblaciones de jovenes que han abandonado su país por los conflictos de la década de los ochenta y entre los que se han criado en hogares informales. Ellos han encontrado identidad, cultura y socialización por pertenecer a las maras. El problema afecta a toda Norteamérica en la actualidad-particularmente a los Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, y El Salvador. Los debilitados sistemas de justicia en estas naciones casi no dan abasto para encarar la situación.

Según informes de la prensa, hay 14.000 pandilleros en Guatemala, 10.000 en El Salvador, 36.000 en Honduras, y 30.000 maras con 800.000 miembros en total sólo en los Estados Unidos según cifras de 1997. Las maras más grandes se comunican entre ellos y si estuvieran mejor organizados, serían un formidable ejército sin Estado.

El lucrativo tráfico de drogas persiste en los países andinos, a pesar de los esfuerzos para reducir la demanda y erradicar el cultivo de la materia prima. Algunos grupos terroristas locales como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ELN (Ejército de Liberación Nacional), y Fuerzas de Auto-Defensa de Colombia aún se sustentan del tráfico de drogas ilícitas para controlar territorios así como las áreas de producción. Desertores de las FARC han indicado que por lo general su grupo ha abandonado sus ideales políticos y su razón de ser se ha transformado gradualmente, en el enriquecimiento de sus principales líderes mediante la venta de narcóticos.

Por propia naturaleza, estos grupos se oponen los avances logrados en el establecimiento de la autoridad del Estado, así como el Estado de Derecho, especialmente en los campos donde concentran sus operaciones. Por consiguiente, ellos han desplegado algunos efectivos a través de las fronteras hacia Brasil, Ecuador, y Venezuela. En América Central, cambian drogas por armas que han quedado de los conflictos de la década de los ochenta. Como corolario, el tráfico de personas ha aumentado entre México y los Estados Unidos, China y Ecuador, y desde Brasil a través de Venezuela hacia Europa.

Finalmente, la geopolítica comenzará a afectar los intereses de cada país en el hemisferio. Por muchas décadas, Cuba y la Unión Soviética fueron los únicos protagonistas hostiles. Pero esa situación terminó con el colapso del bloque Soviético. Sin embargo, ha aparecido una nueva amenaza, gracias al apoyo de la riqueza generada por el petróleo venezolano, un Presidente, populista nacionalista que sueña con revivir los planes de Castro de propagar gobiernos al estilo Cubano por toda la región.

Hugo Chávez de Venezuela se ha convertido en el nuevo líder de la izquierda latinoamericana. Él es la fuerza motriz dentro del Foro de Sao Paulo-una organización de partidos izquierdistas y grupos insurgentes de todas partes del mundo-también ayudó a establecer el Congreso Bolivariano, organismo similar pero exclusivamente compuesta de miembros de América del Sur. Sus objetivos incluyen reducir la influencia norteamericana en el hemisferio, y detener la propuesta Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

De Venezuela también proviene otro problema-la del lavado de identidad. Se ha encontrado evidencia en las recientes campañas ofreciéndole ciudadanía a más de 500.000 extranjeros (Misión Identidad) para influenciar las listas de votantes a favor del Presidente Chávez en vistas del referéndum celebrado el 15 Agosto. Además de colombianos y brasileros, se pueden encontrar numerosos nombres árabes y chinos, entre los nuevos ciudadanos declarados en la Gaceta Oficial.

Emigrantes, indocumentados, del Medio Oriente y China-entre otros-habituaban la región de la Triple Frontera entre Argentina, Brasil, y Paraguay. Esta era la situación, antes de que la policía de estos países comenzara a perseguir traficantes y organizaciones sospechosas de relaciones con grupos terroristas como Hezbollah y Gamaa al-Islamiyya. Algunos de ellos pudieron haber emigrado a Venezuela.

Hace dos años, cuándo el General venezolano Marcos Ferreira dimitió de su posición como jefe de la Patrulla Fronteriza de Venezuela, hizo declaraciones a la prensa acusando a su Gobierno de haber lavado las identidades de cientos de colombianos y medio orientales descritos como "sirios."

Progreso por Cooperación
Con todo, los países del hemisferio han hecho un progreso lento pero consistente en la lucha contra el terrorismo, el tráfico de drogas ilícitas, el crimen transnacional y aún las pandillas. Luego del ataque terrorista del 11 de Septiembre, los Estados miembros de la OEA invocaron el Tratado de Río de Asistencia Mutua y establecieron la Convención Interamericana del Terrorismo en 2002. Argentina, Brasil y Paraguay formaron el Diálogo de Contra-terrorismo "3+1", el cual promovió el intercambio de inteligencia, así como la coordinación de los esfuerzos policiales en la erradicación del crimen y el tráfico ilegal en la región de la Triple Frontera.

El Grupo de Trabajo Financiero para el Caribe y el Grupo América del Sur se han convertido en esfuerzos multinacionales para combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. En América Central, países como El Salvador y Honduras han promulgado leyes de "mano dura" para controlar la creciente actividad pandillera.

Pero se necesita hacer más. A pesar de la iniciativa 'Fronteras Inteligentes' con México y Canadá, fronteras, aeropuertos, puertos marítimos, y los sistemas nacionales de entrada y salida son, por lo general, vulnerables en Latinoamérica y el Caribe. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros a crear fronteras inteligentes en otras partes, hacer más seguros los contenedores de carga, ayudar a proteger las principales infraestructuras de cada país, mejorar la coordinación en la preparación contra desastres naturales, y fortalecer la cooperación en el cumplimiento de las leyes a nivel internacional.

Nada de esto es barato. Estados Unidos ya ha invertido miles de millones de dólares en la creación del Department of Homeland Security. Hoy en día sólo tenemos inspectores para revisar uno o dos por ciento de los 20.000 contenedores que arriban a nuestros puertos cada día. Por modos de pre inspección en países de origen, y otros métodos, estamos trabajando para mejorar esa cifra mucho más.
Cada año recibimos 600 millones turistas, estudiantes, y trabajadores legales. En 50 de estos puertos contamos con tecnologías biométricas como "caza huellas" dactilares digitales y sistemas de reconocimiento faciales que verifican identidades en cuestión de segundos. Pero 1,2 millones de personas entran anualmente en los Estados Unidos de forma ilegal sin pasar por estos puntos de entrada establecidos.

Gracias a sus venerables instituciones democráticas, así como por su preocupación por la seguridad de sus ciudadanos, Costa Rica ha sido un oasis de tranquilidad en el hemisferio. Sin embargo, las rutas del tráfico de drogas ilícitas pasan desde América del Sur hacia el Norte a través de este país bonito. La prosperidad con la que goza Costa Rica en comparación con el resto de América Central la convierte en un blanco para el crimen organizado. Su tranquilidad la convierte en destino deseado para inmigrantes en busca de un santuario para escapar la inestabilidad y desempleo en sus países de origen.

Costa Rica tiene una población de alrededor de 4 millones de personas y un producto interno bruto de $15 mil millones. Incluso, un país con las dimensiones de Perú, con un PIB de $61 mil millones, no cuenta con los recursos necesarios para asegurar a su población. Obviamente, tenemos que escoger opciones factibles y aprender trabajar juntos para multiplicar nuestras fuerzas relativas. Los que formulan las políticas en los Estados Unidos se percatan de que no podremos proteger a nuestros ciudadanos sin antes cooperar con la seguridad de todo el hemisferio.

Además de la muerte y los impuestos, el cambio es inevitable. Desde esa perspectiva, debemos reconocer que el mundo que vinimos a conocer durante la Guerra Fría es ahora diferente. Las amenazas de un conflicto bipolar retrocedieron, y han sido reemplazadas por cánceres más fragmentados. Como le gusta decir el director de relaciones exteriores de nuestro Department of Homeland Security Cresencio Arcos, "la víbora sólo muerde a quiénes andan sin botas". Mientras nos aprovechamos de la época de globalization, debemos invertir el esfuerzo en protegernos contra los problemas que nos presenta.

Discurso ante los estudiantes y personal del Instituto del Servicio Exterior Manuel María de Peralta en del Ministerio de Relaciones Exteriores en San José, Costa Rica, el 28 de septiembre de 2004. Stephen Johnson es el Analista Principal para Asuntos Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Internacionales Kathryn y Shelby Cullom Davis de The Heritage Foundation.

About the Author

Stephen Johnson Senior Policy Analyst
The Kathryn and Shelby Cullom Davis Institute for National Security and Foreign Policy

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